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Es posible que basemos nuestra espiritualidad en una doctrina y nos apoyemos en conceptos afines a ella. Se necesita una preparación diaria a través de un método de vida.

Pero todo ello sólo tiene validez cuando está plasmada en la propia vivencia y mucho de lo que podemos decir proviene de esa experiencia.

Lo que sí se puede decir es que acercarnos a la espiritualidad nos conecta con la Esperanza; con el Sentido de la Vida, con el futuro. En el camino que nos toca recorrer tenemos un montón de tropiezos, testimonios de vida hay a montones, el darse cuenta sin esconder la cabeza y asumir con responsabilidad los errores cometidos no es tarea fácil.

Pero levantarnos y volver a ponernos en el camino es una cuestión de conciencia y voluntad. Todo lo que se ha escrito sobre la espiritualidad es letra muerta si no está conectado con nuestra vivencia, la de todos los días allí es donde la transformamos en motor de vida, es un motor que nace en nosotros mismos.

Por años hemos estado ligados a esta vivencia de diferentes formas, la más importante la participación como ofrenda concreta de vida entregando lo mejor de uno mismo. “La palabra guía, el ejemplo conduce, pero solo el darse… Transforma”-Santiago Bovisio

Aprendemos y admiramos la belleza del respeto entre los hombres. Es una tarea titánica tratar de no convencer de nada a nadie, y poder hablar, estudiar, aprender desde la propia vivencia. Este esfuerzo cada vez que se logra se convierte en uno de esos raros momentos que producen fascinación en nuestras vidas. El mundo se amplía enormemente.

Descubrimos en nuestro entorno otros seres que aman la vida; la dignidad del ser humano, su felicidad, su esperanza…..de una u otra forma todos buscamos el amor. Con distintos idiomas. Con diferentes formas de vivir, pero todas inspiradas en un profundo respeto por el otro.

Contrariamente a lo que se podría suponer la visión de aquello que llamamos Dios se profundiza más que nunca. Descubrimos la tolerancia de aceptar que Él/ELLA tiene muchos Rostros muchos nombres con los cuales nos habla a cada quien según su medida y su cultura. Aprendemos a amar a Dios a través de los demás; aprendemos que la compasión y la humildad son fuentes de paz y armonía.

Seguiremos cometiendo errores. Seguramente seguirá siendo así. Pero tratando de no repetir antiguos errores, porque eso es ignorancia. Día a día podemos equivocarnos por ser simplemente seres humanos. Lleno de temores, limitaciones pero con la capacidad de amar un poquito más cada día.

Estos serán los pasos que iremos dando para aceptarnos tal como somos, mirarnos al espejo y con una sonrisa poder decirse a si mismo….me perdono.
Las historias son personales. Las vivencias son personales. Hay muchas otras de hombres llenos de amor por los demás que se expresan a través de otras espiritualidades.

Seres que miran el mundo desde la biología, la medicina, el arte, la docencia y desde cada actividad del “ser humano” con pasión y que buscan cada día el bienestar común, tanto bien nos hacen acompañándonos y mostrándonos nuevas posibilidades.

Y nos hacen un regalo de incalculable valor para nuestras vidas, mostrando su amor de una forma tan concreta….Esto que vivimos es lo que nos acerca a la Espiritualidad que alimenta silenciosamente estos procesos.

Muchas veces vivimos en la virtualidad, inspirados en lo que podemos llegar a ser y no en lo que realmente somos.

Perdemos todo contacto con el presente, el ahora, el como somos; y el futuro forma parte de nuestro marco de vida.

Y en esa proyección dejamos de lado la sensibilidad de cómo se manifiesta nuestro entorno. Pasamos por alto las respuestas que nos da la vida a medida que avanzamos en el camino.

Si bien el tiempo avanza, la única unidad de medida para medirlo es como vamos muriendo y como vamos perdiéndolo a medida que transcurre.

Muchas veces olvidarnos de nosotros mismos e insertarnos en la actualidad de nuestro entorno, es una manera no de ganar tiempo, pero si de hacerlo más constructivo y perpetuo, en donde las consecuencias de nuestra actitud para con los demás, genera una reacción en cadena, que recorre el alcance de nuestra presencia y nos vuelve transformada, alimentando así nuestro estado de conciencia.

Hay que entender que nuestra realidad no somos nosotros, somos nosotros en los demás. El reflejo de autoconocimiento, la fuente de nuestro entendimiento interior, no está más que en el rostro de esa humanidad que nos rodea, y vivir para conocerla y entenderla, es vivir conociéndonos de manera renovada y consecuente.

Los distintos formatos a seguir para ser parte de esta sociedad inventada: el horario, la tecnología, el consumo, no son más que pilares que sostienen el sentido, que como humanos, buscamos de la vida, olvidando muchas veces que existe otra frecuencia, otras sensaciones, otras visiones, otro acercamiento a la divina madre cuya manifestación nos abre a una dimensión que siempre estuvo ahí; solo el obstáculo de nuestra diminuta visual de la realidad es la que no nos deja acercarnos.

Encontrarnos en los demás cada vez que despertemos en este mundo, sería una simple actitud que nos ayudaría a ver nuestra realidad con otras acuarelas.

George Stampf

Dijo Fromm que en realidad todo lo que hacemos en esta vida mortal es tratar de superar la separatividad, ese estar incidido por otro y sobre todo ganarle a la sensación de aislamiento y soledad que nos genera el estar sin el “otro”

¿Somos uno?, ¿Somos uno con el universo? ¿Somos uno con la totalidad? Somos uno entre millones de posibilidades que se dan en el presente continuo.
Si tenemos en cuenta la cantidad de acontecimientos que debieron ocurrir para ser gestados y la cantidad de acontecimientos que siguen sucediendo para seguir desenvolviéndonos nos da la medida, la proporción de cómo el hombre actual vive prisionero de la separatividad, ha perdido el contacto con su origen, con su Fuente de de vida con el “uno”.

Al vivir en separatividad ha perdido la visión y, en su ignorancia, considera a los demás como enemigos, como responsables de sus males, sin saber que su puerta de salida se encuentra en la vivencia y comprensión de la Unidad, porque todos somos uno, y porque las diferencias de la forma son solo ilusiones que se pierden ante la muerte, la gran equilibradora de la vida, la guardiana del umbral entre lo conocido y lo desconocido.

Cuando por medios científicamente comprobables y comprobados en el siglo XXI descubrimos conocimientos que desde siempre la humanidad intuyó, la dimensión del sufrimiento que a diario nos infringimos cobra otro significado en nuestra vida.
¿Cómo es posible que ante tanta maravilla que se despliega ante nosotros diariamente al despertar, en la capacidad de disfrutar el perfume de una flor, del sabor de una fruta, en el canto de los pájaros al amanecer, en los colores que nos regala la vida todos los días no nos demos cuenta del privilegio que significa estar vivos?.

Tomemos un aspecto de esa idea, de esa ley inexorable que es la ley de la renuncia y de uno en especial “la participación interior”. Indefectiblemente nos lleva a incluirnos en el todo, a saber que nada nos es ajeno ni está separado de nosotros. El tiempo y el espacio pierden transcendencia porque que todo sucede en nosotros, aquí y ahora.
Entonces lo que pensamos, sentimos y hacemos responde a las necesidades de los seres humanos. Respondemos al aprender a usar sabiamente nuestros recursos, y a realizar en nuestra vida el bien que deseamos para la humanidad.
Cuando participamos nos integramos armónicamente al grupo humano en todas las áreas de actividad. Comprendemos las diferencias, colaboramos, asistimos y asumimos responsabilidad. Podemos convertir la necesidad de otra alma es nuestra necesidad, la alegría de todas las almas es nuestra alegría.
Participando nos damos cuenta de que somos parte integral de la humanidad y respondemos en consecuencia con silencio, con humildad, con trabajo efectivo, con amor desinteresado, con conocimiento y discernimiento. Nuestra conciencia de ser se proyecta como un amor que alivia, ampara e ilumina.
El conocimiento presente de las necesidades propias y ajenas transforma nuestra conciencia de ser en una voluntad poderosa y eficiente que debemos aplicarla a un trabajo preciso y acabado para el bien de todos. Tenemos la capacidad de transmutar la fuerza de nuestra conciencia de ser en una voluntad que se concreta en acciones específicas, adecuadas a la obra y a las circunstancias.
Sabemos que somos seres incompletos y que nuestras acciones no están exentas de errores eso no nos imposibilita comprender que podemos realizar ajustes en nuestras conductas que poco a poco vayan extirpando la separatividad de nuestro interior.
Nuestra voluntad está emparentada con los destinos de todos los seres que habitamos este plantea y aun mas allá. La ilusión de separatividad nos ha llevado, en parte, a sentirnos solos, aislados, desvalidos e impotentes.
Las actividades grupales, el trabajo en equipo pueden ayudarnos a sanar lenta pero progresivamente nuestros lastimados mundos afectivos tan condicionados por nuestro limitado sistema de creencias.
Esto no quiere decir para nada renunciar a nuestra a nuestra singularidad. Muy por el contrario nos acompaña en el proceso de afirmar nuestra individualidad y honrar las diferencias, partiendo de todo aquello que los seres humanos tenemos en común.
El sufrimiento no hace de este mundo un mejor lugar. Si estamos interconectados, como sabemos que lo estamos, mi sufrimiento no mejora la calidad de vida de nuestro entorno, mas la salud y el gozo alegran la existencia propia y la de los que nos rodean, o sea del universo todo.

Los paraguayos pueden colaborar con los miles de damnificados que dejó el poderoso sismo que devastó a Haití el martes pasado. Una forma de ayudar es haciendo una donación a una cuenta bancaria habilitada para tal efecto en el HSBC. Asimismo, la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) dispone ya de un centro de recepción de víveres.

Una cuenta bancaria en el HSBC fue habilitada para que los paraguayos puedan realizar su aporte solidario para los cientos de miles de damnificados haitianos. Los aportes pueden hacerse desde 5 mil guaraníes.

Las cuentas habilitadas a nombre de la Cruz Roja / Haití son 31259/010 para donaciones en dólares, mientras que el 31259/002 son para donaciones en guaraníes.

La recepción de las donaciones se realiza desde la fecha en todas las sucursales del HSBC en Paraguay, según informaron fuentes de la citada institución bancaria.

El doctor Luis Fernando Díaz de Bedoya, de la Cruz Roja, dijo que esperan que la gente pueda colaborar en la medida de sus posiblidades. “Ya hemos enviados a socorristas entrenados” dijo a Ñandutí, sobre la labor de ayuda humanitaria al devastado país centroamericano.

Camilo Soáres, titular de la Secretaría de Emergencia Nacional, dijo que harían el anuncio de adonde se podrá acercar víveres y frazadas, en la tarde del viernes. “Todavía no instalamos el comité y necesitamos que todo se pueda inventariar bien” sostuvo en comunicación con Paraguay.com

Paraguay ya envió 5 toneladas de víveres y cuenta con 51 mil más en stock, para facilitar a los damnificados, en la medida que la situación lo requiera.

Si usted conoce alguna otra manera de ayudar a los afectados con la tragedia. Escribanos a redacción@paraguay.com

Más información en los sitios oficiales de las siguientes organizaciones

Comité Internacional de la Cruz Roja

Programa Mundial de Alimentos

Organización Internacional para las Migraciones

Unicef

Médicos Sin Fronteras

Las calles de Puerto Príncipe, la capital de Haití, se han convertido en una trampa, con buena parte de los edificios a ras de suelo y bajo los mismos un número indeterminado de personas.

“Todo temblaba, era como un baile, la gente salía de los vehículos, corría y gritaba”, ha dicho un testigo a la agencia EFE, quien ha asegurado que vio un carretera “abrise por la mitad” ante sus ojos.

Esas calles trampa son ahora el lugar más seguro para los que temen nuevas réplicas del terremoto que asoló ayer el país, y el único techo para muchos de los que se han quedado sin casa.

La cooperante italiana de la Asociación de Voluntarios para el Servicio Internacional (AVSI) Fiammetta Cappellini dibuja un “panorama devastador”. “Desde los escombros se oyen gritos de socorro de los que se han quedado dentro y los familiares se desesperan por la impotencia”, relata. “Algunas áreas de la ciudad están sin luz y la gente se concentra en las calles, alrededor de hogueras, buscando consuelo unos en otros”, según Stefano Zannini, uno de los trabajadores de la ONG Médicos sin Fronteras en Puerto Príncipe.

Su colega Hans van Dillen lamenta que la capital es, en estos momentos, incapaz de hacer frente a un desastre de tal magnitud. Con los centros sanitarios destruidos o con daños estructurales, la atención médica se realiza en el exterior en precarias condiciones. “Hemos visto fracturas abiertas, graves heridas craneales y, lo peor de todo, es que no podemos proporcionar a la gente los servicios quirúrgicos adecuados”, ha manifestado Van Dillen.

Parecía el infierno, sin luz, el pleno caos, de acuerdo con el testimonio de Rachmani Domersant, jefe de operaciones de la ONG Food for the Poor (Comida para los Pobres). “La ciudad estaba toda a oscuras, con miles de personas sentadas en las calles, con gente que corría, lloraba y gritaba”.

“Se escuchan oraciones de agradecimiento de los que han sobrevivido”

HACER DESASIENDO

Paz en la acción
Hoy el mundo exige que nos ocupemos eficientemente en todo lo que hacemos. La eficiencia requiere un cuidado atento y gran laboriosidad. Se trata de una acción referida a patrones cada vez más exigentes. Este empeño nos está llevando a conquistas insospechadas en el orden material e intelectual y a un deterioro progresivo en el orden emocional. La paz interior se nos hace cada vez más inalcanzable en este mundo agitado: una utopía. Los síntomas de este deterioro se evidencian en nuestras relaciones. Los podemos ver no sólo a nivel individual sino también en la gran pantalla del mundo en la que se proyectan nuestras propias vidas. Creo que los padecemos sin saber cuál es la clave del verdadero cambio que nos haga bien a todos.

El fruto de nuestras acciones exteriores no ha mejorado la calidad de nuestras relaciones. Nuestra vida interior sigue postergándose, mientras corremos detrás de lo que deseamos ganar, de lo que deseamos tener, de lo que nos gustaría llegar a ser……..

La situación merece que nos detengamos para descubrir qué es lo que está en nuestras manos modificar en aras del bien común que es el verdadero Bien de cada uno.

A primera vista pareciera que no podría coexistir la paz interior con la acción eficiente exterior. Pensamos tal vez que la última perturbará siempre a la primera. Tal vez pensamos que la inmovilidad interior no permitiría una acción exterior eficiente. Mientras el estrés hace estragos en nuestras vidas soñamos con retirarnos para, cuando menos, sobrevivir y si fuera posible conseguir un poco de paz interior. Por otro lado para sobrevivir necesitamos obviamente de la interacción y el trabajo.

¿Cómo resolveremos este dilema?

¿Cómo actuar sin quedar atrapados en el proceso ni en sus frutos? ¿Cómo intervenir en una acción exterior eficiente desde un estado interior con un nivel de stress mínimo? ¿Qué nos puede brindar ese equilibrio tan anhelado por todos?

¿Cuáles serían los factores que, estando en nuestras manos modificar, aún nos atrapan y condicionan? ¿Será la acción? ¿Será la eficiencia? ¿Serán los patrones que adoptamos como referentes para la acción? ¿Será tal vez la falta de autocontrol? ¿Será la falta de un sentido trascendente en nuestras vidas? Ó, porque no, ¿la alienante preocupación que tiene cada uno por si mismo, en desmedro del bien común?

Cafh sugiere que “sólo nuestra renuncia nos brindará el equilibrio necesario entre la inmovilidad interior y la acción exterior eficiente”. Seguramente ustedes como yo se estarán preguntando ¿renunciar a qué?

Obviamente no se trata de abandonar la acción. Tampoco se trata de cargar en contra de la eficiencia. Menos aún claudicaremos en la búsqueda de la paz interior. Es preciso que reconozcamos a la acción como un valor humano y a la inmovilidad interior como un valor divino, ambos indispensables. La propuesta es: la estructuración homogénea de ambos valores. No es este un trabajo fácil. Tenemos sobre nuestros hombros una larga historia en la que vemos que los que buscaron la paz en su interior se apartaron de la acción y los que optaron por la acción ó no pudieron abstraerse de ella negaron la posibilidad de cultivar la quietud en sus almas, tal vez para no caer presos de la inercia, de la indiferencia o el menosprecio.

La estructuración homogénea de los valores en cuestión hará que coexistan ambos complementándose mutuamente. Esta es una labor de ARTESANOS del alma. Posibilidad esta que está al alcance de todos aquellos que se comprometen con ella. Requiere una Vocación de desenvolvimiento espiritual, que equivale a desenvolver la propia conciencia. Requiere que nos preguntemos por la intención que motiva nuestra acción y dónde ponemos nuestra atención durante el proceso.

Cuando en nosotros prima lo personal – como aislamiento egoísta – que quiere separarnos del conjunto (la unidad) y tener una vida propia, opuesta a los demás, se genera una tensión incontrolable; una lucha por tener para prevalecer sobre los demás; un deseo irrefrenable por ganar a cualquier costo. Esto es la competencia ciega que solo mide cuánto me distancio de los demás sin importar sus consecuencias.

Al ignorar quienes somos – deliramos en la creencia que para ser alguien hay que ser un ganador – a costa de un perdedor – y ostentar la mayor cantidad de bienes posible tal que nuestra personalidad impere sobre los demás. ¿Les parece un “modelo” en pequeña escala de imperia-lismo?. Es así que nuestra salud y la de la comunidad humana se deteriora progresivamente. Observemos estos efectos a nivel social e individual, en cualquier lugar del mundo.

Podríamos afirmar entonces que no es la acción ni la eficiencia los que nos perturban en la búsqueda de nuestra inmovilidad interior.

En el contexto de nuestro enfoque definiremos a la eficiencia como la obtención de un resultado de excelencia, para el bien común, al menor costo posible. El costo incluye todo lo que es necesario considerar en la búsqueda del resultado deseado: costos materiales, costos de labor, costos afectivos, costos de salud física y mental, costos de calidad en todas nuestras relaciones humanas y divinas. Obsérvese que aquí la idea de costo no está restringida a lo que habitualmente entendemos por tal en los emprendimientos comerciales. Costo sería todo lo que le cuesta al ser humano su empeño por lograr sus objetivos, sin despreciar nada.

La acción eficiente requiere una buena dosis de auto-control y una Visión cada vez más amplia del mundo y de la vida. No caben dudas que, si nuestra acción carece de un sentido participante y trascendente de la vida terminará en un callejón sin salida por muy brillantes que parezcan sus resultados.

Volvamos sobre aquella pregunta anterior: ¿renunciar a qué para no quedar atrapados en los hilos que teje nuestra ignorancia, nuestros intereses, nuestras ansias de posesión y nuestros temores?

Se trata de reconocer en nosotros todas aquellas ideas que nos separan y nos oponen, como condicionamientos heredados y/ó adquiridos a lo largo de nuestra vida. Se trata de reconocer que estamos indisolublemente unidos. Que querer ganarle a otro y llegar primeros – dejando como descarte a nuestro ocasional competidor – es tan absurdo, en el marco de nuestra vida, como si mi pierna izquierda quisiera ganarle a mi pierna derecha ignorando que ambas son inseparables por estar unidas al cuerpo que cargan; es como si estos dos “miembros del mismo cuerpo” no vieran que sólo “acompasándose armónicamente” lo llevaran a su destino glorioso y que al final el triunfo es de ambos y de todos los que componen ese cuerpo. Llegar antes es sólo circunstancial, un hecho que destaca perseverancia, capacidad, y entrega puestas en acción; una prueba de que todo ello es posibles para cualquier ser humano que se comprometa de igual modo por el bien común.

Llegar primero como un triunfo personal puede verse como un hecho aislado que busca la ostentación y el poder sobre los demás. Que separa en vez de unir. Que enfrenta en vez de contribuir. Que burla en vez de validar. Se trata de renunciar a todo lo que nos separa, nos opone o nos niega.

Una acción eficiente puede verse como una entrega consciente, que se fija en el resultado sólo como “un dato” que señala la experiencia, para discernir la corrección necesaria en el tramo siguiente.-

La paz interior es ajena a la autocomplacencia y a la autocompasión. La inmovilidad interior acompaña a la acción eficiente cuando no buscamos el triunfo personal sino cuando buscamos el bien del conjunto, del cual participamos: la Humanidad.

“La Renuncia al quitar la posesión de la vida”
“brinda la participación permanente de la misma”
(Santiago Bovisio: fundador de Cafh)


Desde que tengo memoria traté siempre de cambiar a los demás esperando que cuando eso ocurra, recién entonces, disfrutaría de un mundo mejor. Creo que también la humanidad lo intentó de mil maneras y……………. ¡aquí estamos!……..
En mi experiencia comprobé que “siempre que trataba de cambiar a alguien me estaba ganando un enemigo”. Estimo que esta modalidad de cambio es un intento vano, si mi anhelo es producir transformaciones significativas en el mundo en que vivimos.
Descubro en mí una actitud similar a la de aquellos que intenté cambiar. Siempre me he resistido, consciente o inconscientemente, a que otro venga a cambiarme según sus modelos ó que venga a decirme cómo debo pensar ó actuar y qué debo sentir. Interpreto que esa resistencia nace de la necesidad de velar por mi libertad de elegir cómo vivir y con qué sentido desde que soy responsable de mi destino. Un derecho inalienable de todo ser humano aun para a aquellos que no lo saben.
Me parece que para colaborar, en el campo de la ayuda exterior y directa, podríamos brindar generosamente medios que alivien las urgencias, completando esta asistencia con una “guía” que eduque; una actitud honesta y desinteresada de parte nuestra para que cada cual tome – cómo y cuando lo decida por sí mismo – el “ejemplo” que esté buscando ó los elementos que necesita para su aprendizaje.
Leí en innumerables oportunidades el texto siguiente:
“LA PALABRA: Guía”
“EL EJEMPLO: conduce”
“ Sólo “EL DARSE: Transforma”
(Santiago Bovisio: fundador de Cafh)

Reflexiono. Cuando las palabras y los ejemplos – como heraldos de todos los tiempos – se expresaron por el bien común, han contribuido al adelanto de la Humanidad. Mas es importante recordar que el Hombre, a lo largo de su historia sólo al darse a sí mismo ha proporcionado la simiente de una transformación significativa para la expansión de la conciencia humana.
Estas reflexiones podrían diluirse en vanas construcciones intelectuales si no las experimentamos en las relaciones cotidianas de nuestras propias vidas – un campo de pruebas que está al alcance de todos.
Es impostergable curar, educar, proteger, llevar alivio al dolor, al hambre y a la miseria que sufren cada vez más seres humanos en nuestro planeta. Esta interminable tarea no alcanza ni alcanzó para revertir la situación reinante, por ser incompleta. Es urgente completarla plasmando – en nosotros mismos y por nosotros mismos – las transformaciones que anhelamos sucedan en la Humanidad, mediante la ofrenda generosa y comprometida de nosotros mismos, constituyéndonos en “experimentos” para esa transformación tan esperada que es el desenvolvimiento de la conciencia humana – también conocido como nuestro desenvolvimiento espiritual.
El reducido campo de nuestra conciencia ha generado el mundo en que vivimos y no podrá surgir la esperada solución a nuestros padecimientos desde el mismo nivel de conciencia que los generó.
Para transformar nuestras relaciones es necesario que LA VISION que oriente nuestro Camino surja en nosotros desde otro nivel de conciencia, más amplio e inclusivo.
Sé que abordar este tema, en primera instancia, es muy difícil. Permítanme que me guíe por algunas otras expresiones del fundador de Cafh:
“TODO ES POSIBLE”………
“SOLO LA MENTE CUANDO PLANTEA UN IMPOSIBLE”
“CREA OBSTÁCULOS PARA LA REALIZACIÓN”………..

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“EL PODER DE LA FE DE AMOR”
“ES HACER REAL LO IREAL”
“ES HACER POSIBLE LO IMPOSIBLE”.
En mí, estas palabras están sugiriendo que: el Poder de la fe de amor es hacer real lo que pensamos es irreal. Es hacer posible lo que pensamos es imposible. Es decir, lo que pensamos define en cada momento nuestra relación con lo real y lo posible.
Nuestra visión fraccionada y aislada de los hechos universales nos muestra una realidad restringida a un marco muy estrecho, negando como posible todo lo que lo trasciende. Es por ello necesario superar las dificultades que tenemos en reconocer con humildad nuestros límites frente a la inconmensurable Realidad. También es necesario salir del aislamiento enfermizo de nuestro egoísmo. Estas son algunas etapas a recorrer en el proceso de desenvolvimiento de nuestra conciencia participante.
En los textos que he citado intuyo la existencia de UNA CLAVE que sugiere la presencia de un campo ilimitado de posibilidades accesible a la experiencia humana. Obviamente la clave intuida debe ser descubierta y corroborada por la experiencia individual.

Miremos otra faceta que nos muestran los hechos.
Un experimento reciente ha permitido comprobar que cuando en un número XX de individuos de una misma especie se arraiga un hábito determinado surge en forma espontánea ese mismo hábito en el resto de la comunidad – aún que esta última se encuentre ubicada a gran distancia de la que hizo la experiencia – sin que haya un medio “conocido” para transmitirla
Al número XX se le ha llamado masa crítica, necesaria para expandir ese hecho que aún no podemos explicar. La experiencia referida se realizó con simios que estimamos pertenecen a una escala evolutiva inferior que la nuestra.
Les propongo que nos demos permiso para imaginar lo que sucedería si por amor “nos diéramos generosamente para ser un experimento” de la especie humana (La Humanidad) – Esto es: “seres humanos arraigando en sus propias vidas el hábito de desenvolver sistemáticamente sus respectivos estados de conciencia” – ¿Qué sucedería a medida que sea alcanzado el número XX de individuos de nuestra especie, realizando comprometidos libremente, ese desenvolvimiento?
¡Una reacción en cadena de ese mismo claro Sentir!………..
Si motiváramos –con la palabra y el ejemplo- a individuos que tengan la misma Vocación de darse para el bien y el adelanto de la Humanidad, de manera que adquirieran progresivamente hábitos que expandan su Visión del mundo y de la vida, realizando cada uno la Obra de forjar en sí mismos al Hombre que desean en los demás, la transformación humana tan anhelada se produciría de manera espontánea (no confundir con instantánea). Veríamos entonces surgir en la humanidad esos hábitos cultivados en nosotros mismos y generosamente ofrendados para el desenvolvimiento de la conciencia humana. Sería una completa y verdadera transformación. Sería el legado que la Comunidad Humana espera de cada uno de sus miembros.
¿IMPOSIBLE?……….. SOLO SI NUESTRA MENTE LO PLANTEA COMO UN IMPOSIBLE………YA QUE ES EL PODER DE LA FE DE AMOR – IMPULSANDO NUESTRO TRABAJO SINCERO E INCONDICIONAL – LO QUE LO HACE POSIBLE.
Han pasado incontables siglos durante los cuales hemos intentado cambiar a otros para que cambie el mundo en que vivimos. ¿Vale la pena seguir intentándolo del mismo modo (incompleto), frente a los resultados obtenidos?
¡ANIMÉMOSNOS A CAMBIAR NUESTRO ENFOQUE!: nuestra Visión
¿Cómo sería aquel ser humano que deseamos en los demás y que nos comprometeríamos a forjar experimentándolo en nosotros mismos?
Intentemos mencionar algunos de los rasgos deseados. Usted seguramente podrá agregar muchos más a los que siguen. Para ello, que cada uno escuche a su propio corazón y discierna a partir de sus propias observaciones. Lo que yo deseo es:
1. Que aprenda a priorizar el bien común por sobre los que le son propios.
2. Que aprenda a discernir por sí mismo para poder elegir lo que es mejor para si y para su comunidad.
3. Que aprenda a desarrollar un control mínimo sobre sí mismo – para que le permita transformar la violencia, la indiferencia, las ansias de posesión que detecta en sí, por medio de la comprensión.
4. Que aprenda a superar resentimientos para poder servir
5. Que aprenda a integrarse para colaborar
6. Que aprenda a cultivar hábitos de “suspender” su propio discurso para que pueda escucharse, comprenderse y comprender mejor a sus semejantes.
7. Que aprenda a liberarse del encierro de aquellas ideas, leyes, hábitos, costumbres y creencias que le están impidiendo abrirse a lo Desconocido.
8. Que reconozca sinceramente sus propias limitaciones
9. Que se capacite para devolver todo lo que recibe y recibió ininterrumpidamente de la humanidad.
10. Que aprenda a aceptarse, aceptando a sus semejantes
11. Que aprenda a comprometerse sólo con lo que está dispuesto y puede cumplir.
Esto es, que desenvuelva progresivamente su conciencia humana hasta que pueda comprender quién es, para qué vive en este mundo y cómo relacionarse armónicamente con todo.
Para que este ser humano que queremos emerja de entre nosotros cultivemos el hábito del silencio interior para conocernos mejor y para expandir nuestro amor; cualquiera sea el lugar que ocupemos y las circunstancias en que vivamos.
Pienso que
CADA UNO DE NOSOTROS “TIENE A CARGO”,
LA TRANSFORMACIÓN DE LA HUMANIDAD
TRABAJANDO EN SU PROPIO SER HUMANO………,
Esta tarea es mucho más que un alivio para nuestra amada Comunidad Humana. Podría ser quizá igual que redimirla.
Sería tal vez lo que don Santiago Bovisio llamó el camino de la EGOENCIA. Término que acuñó, según yo interpreto, para simbolizar nuestras posibilidades como seres humanos y la trascendencia de nuestra labor, comprometida con la Humanidad.
¿Alguna vez imaginamos tener tan cerca al “único ser humano que podemos transformar” para ayudar a la Humanidad? ¡MANOS A LA OBRA!

Convengamos, a los fines de la reflexión que sigue, en compartir el significado de “sugerir” como el de “mostrar las posibilidades existentes sin condicionar al observador en su elección ni en su posterior toma de decisiones”.

Sugerir otorga, a los participantes en una interacción, la libertad indispensable para que cada uno disponga de la oportunidad de ejercitar y perfeccionar su libre albedrío.

El derecho a “la libertad de elegir y de decidir”, que tenemos todos, se plasma ejercitándolo con una condición: contribuyendo a que todos lo podamos ejercitar, teniendo siempre presente al bien común como único objetivo.

Vamos descubriendo el “arte de vivir” poco a poco en la medida que perfeccionamos nuestro discernimiento y cultivamos sentimientos inclusivos.

La ignorancia no se salva sólo con mayor información. Necesitamos aprender a discernir las opciones que nos “sugiere la Vida” para poder elegir y luego decidir en cada momento.

La Vida manifiesta su “Sabiduría” en toda la Creación mediante su gran poder de sugestión – “muestra las posibilidades sin condicionar al observador en su interpretación y posterior decisión”- Cada una de sus expresiones es una sugerencia “no determinante”. Nos deja libres, para que cada uno las interprete como pueda y quiera. La dimensión y profundidad de lo que percibimos e interpretamos está en correspondencia directa con nuestra amplitud mental y, esta condición es inviolable. Sólo puede modificar esta condición aquel que quiera y se comprometa en la acción necesaria para expandir, en sí mismo, su propio estado de conciencia.

Para acompañar a otros en este aprendizaje sólo cabe “sugerir”, utilizando el modo que reconocemos en las expresiones de la Vida. Ayudar a otros requiere que nos ejercitemos continuamente en nuestro propio discernimiento. Este ejercicio nos habilita para instruir en esta práctica a quienes quieran aprender.

A medida que los seres humanos mejoramos el nivel de nuestro discernimiento, contamos con el medio imprescindible para aprender a aprender. Entonces, reconoceremos que nuestra ignorancia puede ser superada cuando aprendemos a transmutarla en discernimiento. Así se nos abren las puertas del verdadero conocimiento.

Podríamos concluir con que discernir es aprender a distinguir y relacionar inteligentemente las “sugerencias” que recibimos, cuando nos abrimos a ellas.

“El ser humano decide, en cada momento,
“cómo quiere vivir y con qué sentido”. (J.W.)

Si esto es así, será mejor para todos que nuestras decisiones y las de los demás sean libres y deliberadas: no reactivas ó impuestas. Es decir, que sean una consecuencia de lo que nos sugieren nuestras experiencias y la sabiduría Universal.

Cada uno de nosotros ha de hacerse cargo tarde o temprano, lo quiera o no, de las consecuencias de aquellas decisiones que haya tomado en cada momento de su vida. Por ello tenemos todo el derecho de elegir libremente lo que cargaremos sobre nuestros hombros, como consecuencia de que decidimos, para aprender de lo que nos “sugieren” nuestros propios errores o aciertos. Errores y aciertos que los podremos reconocer si prestamos atención a “la relación” que mantenemos con el grupo humano del que formamos parte y con el medio natural en que vivimos.

Todos nuestros actos, inevitablemente, repercuten en el medio que nos contiene y en cada uno de sus componentes. Sin duda que esto requerirá, para ser reconocido, que cultivemos en nosotros una apreciable dosis de humildad y sencillez. Comenzaremos así con lo indispensable de este proceso de expansión de nuestra conciencia: la práctica de ACEPTAR sin auto-justificaciones ni quejas, lo que la Vida diaria nos está sugiriendo sin pausas.

Publicado por Jorge Grau

La noticia de que los dueños de la fábrica El Ángel mantuvieron a sus 300 empleados en sus puestos y les pagaron puntualmente los salarios a pesar del terremoto que destruyó su planta, impresionó a todo el país.

¿Cómo logra hacer esto una empresa cuya fábrica quedó en el suelo tras el sismo, en un año de crisis económica? Y, ¿cómo, apenas seis semanas después de la tragedia, reinician la producción en una planta temporal que los mismos empleados y los dueños se encargaron de levantar?

La particularidad de esta hazaña motivó a La Nación a seleccionar al Grupo Agroindustrial El Ángel como uno de los personajes del 2009. Visitamos Cariblanco esperando espuestas a esas preguntas, pero encontramos mucho más: a un grupo de socios y empresarios viviendo en comunidad, practicando una filosofía de vida cuya columna vertebral es servir a los demás sin límite de esfuerzos y con resultados ejemplares.

FABRICA EL ANGEL

Una comunidad de 20 hombres y mujeres renunció a todo para vivir en armonía con ellos mismos, con los otros y con la naturaleza. En su búsqueda de la unión con un dios universal, demuestran que es posible convivir en paz y alcanzar el bienestar colectivo.

Tres días después del terremoto de Cinchona, Analía García, Domingo Argentini y otros 18 socios de la fábrica El Ángel, acordaron reunirse en La Sabana para tomar una decisión importante.

Cincuenta kilómetros atrás, había quedado su fábrica de mermeladas, destruida casi en su totalidad por el terremoto del jueves 8 de enero.

A tres días de la violenta sacudida, sentados en el zacate de La Sabana, los 20 socios echaron una mirada retrospectiva para recorrer sus 33 años de vida en Costa Rica, tiempo que no pasó en cualquier sitio. Transcurrió en Cinchona, la tierra donde echaron raíces y crecieron como personas y empresarios. Un pueblo borrado del mapa por el terremoto.

“Podíamos hacer una de dos cosas: traernos todas nuestras operaciones a San José o volver a levantar el proyecto con la gente de Cinchona. No lo pensamos mucho para decidirnos por lo segundo”, comentó Analía, presidenta del grupo.

Esta decisión unánime tomada en La Sabana, se tradujo en un regreso inmediato a la zona del desastre para empezar a ayudar a las familias de sus 300 trabajadores.

Con el regreso, comenzó el traslado de los equipos a la bodega de la finca Noble, en Cariblanco, un terreno ubicado a cinco kilómetros de Cinchona, y que había sido comprado por los socios, varios años atrás.

En la bodega de la finca, que en otro tiempo utilizaron para celebrar la fiesta de Navidad y fin de año con sus empleados, se levantó la planta provisional de la empresa.

Ni uno solo de los 300 empleados de El Ángel fue despedido, contrario a lo que sucedió en otras empresas de la zona. En medio de la tragedia y con vientos de crisis económica mundial, a cada uno se le pagó, con puntualidad, su salario.

Públicamente, los titulares de diarios y los noticieros contaron la hazaña de los misteriosos propietarios de El Ángel, quienes, hasta ese momento, habían manejado un bajísimo perfil mediático.

Pero como bien dice Analía, para ellos todo lo que se hizo luego del sismo no fue nada extraordinario. El terremoto solo se convirtió en una circunstancia a la cual tuvieron que hacer frente estos 20 socios. Una más, en sus tres décadas de estancia en el país.

Servir y dar

Los socios de El Ángel son de diferentes nacionalidades. Hay mexicanos, argentinos, estadounidenses, colombianos, costarricenses… Pero, como afirma Domingo Argentini, vicepresidente del grupo, “aquí todos somos ticos”.

Entre ellos hay médicos, contadores, ingenieros en petroquímica y educadores, quienes practican un método de vida muy particular, seguido en el mundo por unas 10.000 personas.

Ese método fue bautizado con la palabra Cafh , término que, según dicen, es más antiguo que el arameo, una lengua de 3.000 años de historia, y significa la búsqueda de la unión del alma con Dios.

El Cafh nació en Argentina en los años 30 del siglo pasado. Su fundador fue Santiago Bovisio, de origen italiano. No es un movimiento religioso ni político.

Es un método de vida cuyos seguidores son personas comunes y corrientes, sin distingo de su condición económica, religión o nacionalidad. El único requisito que se pide es querer convertirse en un mejor ser humano.

Un ingrediente básico en todo este proceso es la armonía. Primero, la individual; luego, la armonía con las otras personas, y por supuesto, con la naturaleza.

Entre los seguidores del Cafh hay diferentes niveles, y el que practican los socios de El Ángel exige la renuncia a todo, incluida la posibilidad del matrimonio. Ellos viven en comunidad: una de hombres y otra de mujeres. Todos usan un anillo como símbolo de esa renuncia total.

¿Cómo se traduce en la práctica el Cafh ? El mejor ejemplo es lo que han hecho silenciosamente, por muchos años, los socios de El Ángel.

Todo empieza cuando el grupo escoge a Costa Rica al considerarlo un país ideal para desarrollar su filosofía de vida, en un momento en que se vieron obligados a salir de Argentina por la situación política y social que se vivía en esa nación.

Ya en Costa Rica, la desaparecida Cinchona fue el terreno más fértil que hallaron para sembrar su semilla y cosechar los mejores resultados.

Analía cuenta que entonces y ahora, la gente de Cinchona, Poás y Varablanca es de una pureza sin igual. Son personas, dice, pacíficas, humildes y portadoras de una gran solidaridad.

Cuando llegaron a Cinchona, vivían ahí apenas unas cinco familias. No había teléfono, tampoco luz, agua o caminos asfaltados. El espacio para meditar estaba servido, en un escenario donde la naturaleza conmovió a los nuevos pobladores y los motivó a servir a sus vecinos.

Como todos los demás

Más de 30 años después de haber iniciado aquella aventura, los socios de El Ángel se mezclan entre la gente de la zona como uno más.

Es común verlos merodear por la fábrica uniformados, como cualquier otro trabajador, haciendo de todo.

Al médico colombiano Carlos Augusto Martínez, es frecuente encontrarlo trabajando en la bodega.

A la ingeniera en petroquímica Analía García, no se le cae su título cada vez que limpia los baños de los empleados. Tampoco María Teresa Vitale pierde el respeto y la admiración de sus colaboradores cuando se sienta a ayudar a alguno en una tarea colegial.

El hecho de ser los socios y propietarios, no hace que este grupo se vea o se sienta como el dueño. De palabra y acción, han demostrado que son una parte más del equipo.

Resulta fácil comprender que lo que tienen ahora no es sino resultado del método de vida que practican desde hace años.

Hasta el origen de la fábrica no fue resultado del azar o del cálculo del beneficio comercial. Proviene de un sondeo que hicieron a su llegada a Cinchona, interesados en hacer una actividad que no solo les permitiera mantenerse económicamente sino que fuera de utilidad para el pueblo.

Preguntaron qué tipo de trabajo necesitaban los pobladores, y se encontraron que allí abundaba la guayaba y se producía mucha leche.

A partir de esto, pidieron un préstamo y generaron su primera línea de productos alimentarios, liderada por su delicioso dulce de leche y la mermelada de guayaba. Hoy, cuentan con 90 productos en más de 100 presentaciones diferentes.

Lo mismo sucedió cuando detectaron que el servicio de salud allí no era el mejor. Tres de los miembros fundadores de la comunidad aquí eran médicos, y no dudaron en poner sus conocimientos al servicio de la población, abriendo el primer dispensario de salud en Cinchona.

El camino que en enero se tragó el terremoto por la ruta hacia la catarata La Paz, fue construido con el liderazgo de esta comunidad de visionarios.

El Ángel, entonces, no es solo la fábrica de mermeladas y sus 300 empleados. Trasciende. Once meses después de que el terremoto destruyera la fábrica original y acabara con un pueblo completo, los 320 trabajadores de El Ángel (incluidos, sus socios) mandan al mundo el 40% de su producción y siguen abasteciendo al mercado nacional.

Los socios –que también perdieron sus casas con el sismo– comparten junto a los empleados que quedaron sin casa las viviendas amarillas de la finca Noble.

Allí, madrugan para ordeñar y compartir la leche y el fruto de su trabajo con sus 300 colaboradores, como lo han hecho desde hace más de tres décadas, cuando decidieron instalarse entre las montañas de Varablanca para desarrollar su espíritu y, sobre todo, servir a los otros.

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